El rincón del pensamiento

Dime como vistes y te diré quién eres

La semana pasada estuve en una exposición sobre moda española en la sala Canal de Isabel II. Se llamaba «Modus. A la manera española» y lo organizaba la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes de la Comunidad de Madrid, con el fin de promocionar la moda española.

 

 

Los modelos que se mostraban en su mayoría de diseñadores españoles eran desde luego unas verdaderas obras de arte. También había diseños de casas extranjeras que se habían inspirado en nuestra cultura, como estos dos que os pongo aquí abajo:

Vestido de novia andaluz, en pelo sintético de caballo, con detalles florales bordados de Paco Rabanne

 

 

Chaqueta de algodón con bordados y aplicaciones imitando a la de los toreros de Dries Van Noten.

 

 

Esto me hizo pensar mucho en qué situación se encuentra España con respecto a la moda. No en el sentido de si nuestro sello personal es famoso e imitado en el extranjero, sino en cómo los españoles entendemos y usamos la moda. Aunque me consta que quizás no sea únicamente un comportamiento de los españoles, sino que también pasa en algunos países europeos.

Antes de nada, he de aclarar (aunque seguramente la mayoría es consciente de ello) que la moda siempre ha sido un reflejo del estado anímico de la sociedad. Justamente estamos pasando una época llena de incoherencias, de falta de valores (con una mala interpretación de la libertad). Se busca la felicidad a cualquier precio y el éxito, llevando de la mano la ley del mínimo esfuerzo (vamos que queremos que todo nos caiga del cielo).

No hay coherencia entre lo que uno es y lo que muestra al exterior en su modo de vestir. Mujeres de mediana edad vistiendo como colegialas y al revés, niñas vistiendo como mujeres. La ropa interior es visible, se muestra como si fuera una prenda exterior. Partes del cuerpo que deberían guardarse para la intimidad, son mostradas alegremente sin darse cuenta de que esto, en vez de resaltar la belleza de la mujer y ayudarla a ser admirada, más bien la degrada a simple objeto. Os pongo un pequeño texto que leí de la periodista Josefina Figueras que me viene al pelo respecto a esto. Está sacado de su libro “Moda y estilos de vida. El poder de la novedad”:

“¿Cómo es posible descubrir a una honrada madre de familia o a una chica decente y sensata dentro de un vestido con unas inoportunas transparencias o con un escote de vértigo que las sitúa mentalmente ante los demás en unas categorías bien distintas a su estado y condición?”

 

 

Image by Bob_Dmyt on Pixabay

 

¿Y cuál sería la solución a esto? Pues sencillamente amueblar la cabeza. Cuando una persona es consciente de cómo es en todas sus dimensiones: cuáles son los pilares de su vida, cual es la realidad de su cuerpo y afianza todo lo que tiene sin dejarse avasallar por modas, entonces habrá una coherencia entre el interior y el aspecto exterior. Aprenderemos a elegir que ropa nos sienta bien y a comprar con cabeza y no por imposición (porque si no se tienen las ideas claras, la moda nos la pueden vender de forma imperativa).

“Una mujer debe vestir de acuerdo a como es y piensa, sino la moda se convierte en un disfraz” (Roberto Verino en una entrevista a Josefina Figueras).

 

¡Hasta pronto!

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